Oscuro, de noche – Lectura

Bill, Pablo, Frank, Ana Verónica

Bill, Pablo, Frank, Ana Verónica

A pesar de que llegué a la lectura de “Oscuro, de noche” con no muy buena actitud ya que me había “mojado” por los aguaceros que iban y venían, al Pablo García Gámez saludarme con su acostumbrado calor humano y agradecimiento, desapareció mi actitud. Si hay alguien agradecido y humilde en este medio lo es este dramaturgo venezolano. Lo conocí hace tiempito como actor, (si no me equivoco, fue en “Los árboles mueren de pie” de Casona, bajo la dirección de Franco Galecio para Latin Enterprise), luego lo conocí como periodista y recientemente como “bloguista” (así creyendo es despectivo, “algunos”, llaman a los que escribimos en un blog). No importando la función en la que hayamos conocido a García Gámez, muchos sabemos que él fue el “boom” del teatro local del 2004 al 2006 cuando dio a conocer su pieza “Blanco”. Con esa pieza conquistó los premios; Proyecto Asunción de Teatro Pregones (2004), Premio HOLA y Premio ACE (2006) y figura en el Boletín del Archivo Nacional del Ateneo Puertorriqueño. Luego de esto, sus piezas “Las damas de Atenea” y “El patio”, fueron publicadas por la Editorial Campana en la antología “Se alquila, se vende o se regala”. Su más reciente creación “Oscuro, de noche” no sólo fue parte de la serie de lecturas dramatizadas de Repertorio Español el 23 de mayo del 2013, sino que tres de los monólogos de este nuevo trabajo fueron publicados en “ENCLAVE” de CUNY. Y no es para menos, desde la lectura en Repertorio Español de “Oscuro, de noche” las redes sociales no paran de mencionarla no solamente por el impacto literario que ocasionó sino también por la excelente lectura realizada.

Al mejor estilo de “Crónica de una muerte anunciada” o “La bruja de Portobello”, por aquello de mencionar “Best Sellers, donde el hilo narrativo pasa a distintas voces las diferentes versiones de la historia presentada y con pinceladas poéticas que entrecruzan a García Lorca y Cortázar por su lirica e imágenes, García Gámez toma o retoma una noticia y crea un poderoso cosmos que nos devuelve el sentido de humanidad que hemos perdido. La pieza, que originalmente fue comisionada para un proyecto teatral sobre la violencia urbana en Latinoamérica, nos cuenta desde diferentes ángulos como persiguieron y mataron a un chico que iba en una motora no importando la razón del crimen sino su impacto en el núcleo familiar y la sociedad. Nos deja “Oscuro, de noche” con el sinsabor de que hoy día se mata hasta por matar, como señala Eusebia, uno de sus personajes; “El efectivo más efectivo es la vida. Se paga y se mata por cualquier cosa: por una novia, por ajuste de cuentas, por una moto o por matar.” El autor no solo nos deja con el sentimiento de culpabilidad sino también con la propuesta de que tenemos que hacer algo para detener esta violencia urbana casi sin sentido porque es parte nuestra. Los personajes que presencian el crimen no hacen nada por detenerlo y ni por informarlo. El miedo los aprisiona, el miedo aprisiona a la sociedad, miedo que debemos romper. Miedo que casi logra romper Zenobia, la madre del chico en la moto cuando enfrenta al encargado de una funeraria que no quiere recibir el cadáver de su hijo y cuando escribe una carta al periodista que por orden de sus editores distorsionó los hechos. Magistral interpretación le dio a Zenobia la exquisita actriz Ana Verónica Muñoz quien junto a Bill Blechingberg dirigió esta lectura, que más que una lectura yo diría que fue “una función leída” porque el ritmo, la emoción, la entrega y soltura que lograron Blechingberg y Muñoz con el elenco está muy por encima de varias puestas en escena que hemos visto en esta ciudad. En su propuesta disfrutamos la interpretación de cada uno de sus protagonistas; Frank Rodríguez con la entereza escénica que lo caracteriza, interpretó a Cristóbal, uno de los personajes mejor elaborados en la pieza. Rodríguez, desde el comienzo, manipula nuestras emociones con el sentimiento de macho en dolor ante la muerte de su único hijo, sin melodrama, sólo proyectando ese vacío en el pecho que se deja sentir, vacío que va llenando de vida en intervalos de tiempo ya que su personaje pasa continuamente de pasado a presente logrando plasmar esos estados elocuentemente. Kenny, el chico de la motora en la historia, fue interpretado con gran ternura por Ricardo San Miguel, una ternura casi angelical que se presta al enigma que ha diseñado García Gámez para este personaje. En su monologo final San Miguel nos conmueve con una fuerza que olvidamos que es su espíritu o alma la que nos habla porque el mensaje nos viene del más allá y lo sentimos tan cerca, tan nuestro que si no es nuestro hijo es nuestro mejor amigo. La vida de Kenny está trazada por dos mujeres; Zenobia, que le ofrece un desmedido amor y protección sin ser su madre biológica, aquí el autor rompe genialmente el clásico mito de la madrasta en las historias dejando ver que tan madre es la que cría con amor como la que cría por naturaleza, y su novia Lucía apodada Maga interpretada con garbo y frescura por María Mercedes Galuppo quien no sólo tiene uno de los rostros más angelicales vistos en escena sino un gran carisma, queremos verla más seguido en las tablas. Otra mujer en la vida de Kenny es su abuela, que creemos padece de Alzheimer porque confunde realidad y ficción, tiempo y espacio, interpretado con mucha chispa y gracia por la primera actriz Miriam Cruz. Momento intenso logró la Sra. Cruz cuando le recuerda a su yerna en la historia que ella no es madre de su nieto, nos hace odiarla en ese segundo para volver a conmovernos con su fragilidad.

Pablo, Frank, Ana Verónica

Pablo, Frank, Ana Verónica

Ramón Albino, Alfonso Rey, Adriana Sananes, y Oscar de la Fé Colón interpretando dos personajes cada uno, son los responsables de fabricar el mundo exterior al núcleo familiar de Kenny. Ellos llevan la fuerza del hilo narrativo, representan las versiones, subversiones, interpretaciones y manipulaciones sobre el hecho. Los cuatro actores; Albino, Rey, Sananes y Fé Colón, se entregaron en cuerpo y alma a sus interpretaciones haciéndonos olvidar que estaban leyendo. Es más, creo, que en general, todos los actores se sabían la mayoría de los parlamentos por la naturalidad, sentimiento y entrega en la enunciación de los mismos.

Nos resta unirnos a ese gran público que pide se lleve a escena esta obra en su totalidad. Esperamos que funcionarios de Repertorio Español hayan estado presente en la lectura o hayan visitado las redes sociales y hayan visto la magnitud de la misma, para que se motiven a producirla y si no es mucho pedir, con los mismos directores y actores de esta “función leída”. Gracias, Pablo García Gámez por regalarnos “Oscuro, de noche”, nunca olvidaremos esta noche en que nos volviste seres humanos.

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