Obra

Sicarios Manabitas (DVD)

Detalles

FERNANDO CEDEÑO

FERNANDO CEDEÑO

A balazo limpio, ya que usaron balas reales en su filmación, y sobre hermosos caballos, bien cuidados, se impone “Sicarios Manabitas” de Fernando Cedeño. Si la película, sin conocerse como fue filmada, vendió un millón de copias pirateadas, convirtiéndose en la película ecuatoriana más vista, ahora que se ha revelado como se filmó, venderá un millón más, gracias a lo morboso que somos. Sobre esta película se habla en el documental “Más allá del Mall” de Miguel Alvear y se habló en el foro “Producciones ecuatorianas de bajo presupuesto” presentado en el Instituto Cervantes como parte de la VI Muestra de Cine Ecuatoriano en Nueva York. En dicho foro participó el propio director y guionista de esta película que presentaba su reciente pieza “El Ángel de los sicarios” y Mariana Andrade, productora de “Más allá del Mall”, que también se presentaba en la muestra.

La película es puramente artesanal, se filmó con escasos recursos y poco conocimiento técnico de lo que es cinematografía. Los actores no cobraron y la gran mayoría no tenía ni idea de lo que es interpretación o caracterización de un personaje y varios de ellos resultaron verdaderamente heridos, a lo que Cedeño señaló en el foro “no tenían que actuar el dolor porque verdaderamente lo sentían”. En varias ocasiones, el ladrido de perros o sonidos dispersos superaban el dialogo. Encontramos en el film una que otra fallita técnica de planos y tomas, hasta de edición pero nada de esto desvirtúa el valor cinematográfico de la misma.

Al mejor estilo del viejo oeste, ya que no es otra cosa que un western a lo campesino style, y acompañado 1001263_10151885827029880_1444142331_n[1]de rancheras se mueven las imágenes de la propuesta. En la historia hay de todo como en botica ya que entrecruza varias sub-historias para complementar el hilo narrativo de los protagonistas que se va tejiendo entre balazos, hemorragias, venganzas, coitos e incesto. Es un “No way out” que literalmente hacen de Fernando Cedeño y Miller Vera unos guionistas de calibre. Sus diálogos e imágenes están rodeados del misticismo de las mejores tragedias clásicas que fueron la cuna del teatro y/o del teatro sacro. Vimos a un hijo (el del incesto) que está locamente enamorado de su hermana, a la que le mata todos sus pretendientes, pedirle de rodilla a su propio padre que lo mate al encontrarlo tratando de violar a su hermana y vimos como el padre escoge matarse así mismo prefiriendo morir antes de matarlo a él o por no afrontar otro gran dolor que tiene; el haber perdido otro hijo a manos de sicarios, para la hermana deseada terminar demente a causa de todo lo vivido, todo este cuadro les quedó a la altura de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Ver a uno de los sicarios caer de rodillas ante un fanático religioso que tenía que matar al este ofrecerle, una mejor vida si acepta la religión como salvación, supera cualquier estampa de teatro religioso. Y escuchar la ranchera en la balacera final que nos narra toda la historia, punto por punto, mientras los protagonistas sucumben en un océano sangriento, nos evoca el coro de las tragedias clásicas. La ranchera narra toda la historia que al fin de cuentas es como un poderoso hacendado, Agamenón (muy honestamente interpretado por Cesar Velásquez, quien deja ver una de las mejores actuaciones en esta historia, sin dejar de perder su interpretación en ningún momento) reúne unos sicarios y los contrata para vengar, a su manera, el asesinato de su hijo. Pero este vengador no sólo desea matar a los responsables de la muerte de su hijo sino que va a pagarle a los sicarios con balas en sus pechos. Cosa que no nos sorprende para nada porque los verdaderos protagonistas de la película son los proyectiles, que de vez en cuando, para darle descanso a las piernas, salen disparados desde caballos, autos y motoras. ¡Viva el oeste ecuatoriano!

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